Home | Novidades Revistas Nossos Livros  Links Amigos

Una Filosofía de la Educación en el
Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica

(Conferencia pronunciada en el I Congresso Latino
 de Filosofia da Educação, Rio de Janeiro, 11-7-2000)

 

L. Jean Lauand
jeanlaua@usp.br
Fac. de Educação - Univ. de São Paulo
trad. al castellano: Dra. Genara Castillo

 

Introducción

            La reciente publicación del texto definitivo del Catecismo de la Iglesia Católica[1], nos brinda la oportunidad de reflexionar sobre la "filosofía de la educación" que en él se propone. Naturalmente, cuando hablamos de "filosofía de la educación" en el C.C., estamos pensando principalmente en ciertos principios y tesis -sobre todo de Antropología Filosófica- y no en un tratamiento filosófico, sistemático y detallado, que no es -ni pretende ser- un cometido de la Iglesia, ni menos en su Catecismo.

            En verdad, la Iglesia deja abierta también la opción por los sistemas filosóficos (siempre que no contradigan su doctrina): los dogmas, únicamente los tiene para verdades de fe y no para las filosofías. No obstante, las verdades de fe no son teoremas abstractos y desencarnados, se armonizan con las verdades naturales -que provienen de un conocimiento común, de ciencia y de filosofía...- y, en cierto sentido, de ellas dependen. De aquí que el propio C.C. afirme:

#354. Respetar las leyes inscritas en la creación y las relaciones que derivan de la naturaleza de las cosas es un principio de sabiduría y un fundamento de moral.

            Así, para la Iglesia, la realidad sobrenatural de la gracia presupone la naturaleza de la criatura; la doctrina y la vida cristiana parten de la afirmación cabal de la realidad del mundo creado por Dios: cualquier error con relación a la creación es también un error en la comprensión del mensaje cristiano.

            Sea como fuere, no sólo para la teología, sino para la propia formulación de la fe, la Iglesia acaba teniendo que valerse de términos, por así decir, "técnicos" de filosofía, como por ejemplo, el término aristotélico "forma".

#365 La unidad de alma y de cuerpo es tan profunda que se debe considerar al alma como la forma del cuerpo; es decir, gracias al alma espiritual la materia que integra el cuerpo es un cuerpo humano y viviente; en el hombre, el espíritu y la materia no son dos naturalezas unidas, sino que su unión constituye una única naturaleza.

            Sin excluir contribuciones de otras líneas de pensamiento, la "base filosófica" del C.C. es tomada -en gran medida- del pensamiento de Tomás de Aquino, como indicaremos a propósito de los fundamentos de moral y del concepto de participación (esencial para la comprensión de la gracia)[2].

Los fundamentos de la concepción de  moral del C.C.

            Esa presuposición de realidades naturales es un clásico principio de Tomás de Aquino: Cum enim ...gratia non tollat naturam, sed perficiat (la gracia no suprime la naturaleza, la perfecciona I,8,1 ad 2). Si miramos a la concepción de moral y a la filosofía de la educación moral del C.C., encontramos que la Iglesia no posee propiamente un contenido moral específico; al afirmar la moral, la afirma como realidad humana, propuesta para todos los hombres (y no solamente para los católicos)

#1954 (...) La ley natural expresa el sentido moral original que permite al hombre discernir mediante la razón lo que son el bien y el mal, la verdad y la mentira: La ley natural está escrita y grabada en el alma de todos y cada uno de los hombres porque es la razón humana que ordena hacer el bien y prohibe pecar(...)

#1955 (...) La ley natural enuncia los preceptos primeros y esenciales que rigen la vida moral (...). está expuesta, en sus principales preceptos, en el Decálogo. Esta ley se llama natural no por referencia a la naturaleza de los seres irracionales, sino porque la razón que la proclama pertenece propiamente a la naturaleza humana (...)

#1956 Presente en el corazón de todo hombre y establecida por la razón, es universal en sus preceptos, y su autoridad se extiende a todos los hombres. Ella expresa la dignidad de la persona y determina la base de sus derechos y deberes fundamentales.

#1872 El pecado es un acto contrario a la razón. Lesiona la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana

            En esos puntos, como decíamos, ya se ve la referencia al pensamiento de Tomás de Aquino: naturalmente, aquí, "razón" y "naturaleza" son entendidos en su significado clásico de ratio y natura, tal como aparecen en Santo Tomás.

            Ratio, razón, no es en el C.C. (porque no es en Tomás) una razón de "racionalismo", ni siquiera solamente la facultad humana de razonar. Dentro de los múltiples significados de la palabra latina ratio (que acompaña algunos de los diversos sentidos del vocablo griego logos), nos interesan principalmente dos: uno que apunta a algo intrínseco de la realidad de las cosas; y otro, a una peculiar relación de la razón humana con la realidad. Ratio deriva del verbo reor, contar, contar, calcular. Ratio originalmente es contar; rationem reddere es rendir cuentas. Pero ratio significa también: razón, facultad de calcular y de razonar; juicio, causa, porqué; título, carácter, etc. En filosofía, aparece como traducido de logos, que como enseña Pierre Chantraine[3], entre otros muchos significados: "acaba por designar la razón inmanente", esto es: la estructuración interna de un ente, y éste es el primer significado que nos interesa en este estudio; el segundo es la capacidad intelectual humana de abrirse a la razón de las cosas y captarla[4].

            En el ámbito de la fe no es casualidad, por tanto, que S. Juan, emplee en su Evangelio, el vocablo griego Logos (razón, palabra) para designar a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad que "se hizo carne" en Jesucristo: el Logos no sólo es imagen del Padre, sino también es principio de la Creación (cfr. Ap. 3, 14), el responsable de la articulación intelectual de las cosas. Por consiguiente, la Creación debe ser entendida también como esa "estructuración por dentro": proyecto, design de las formas de la realidad, hecho por Dios a través del Verbo, Logos. Y en su Comentario al Evangelio de San Juan, Tomás llega a discutir la cuestión de la conveniencia de traducir Logos por Razón en vez de Verbo. Esta última forma parecería mejor, pues si ambas indican pensamiento, Verbo enfatiza la "materialización" del pensamiento (en la creación/palabra).

            Así, para Tomás, la creación también "habla" de Dios: las cosas creadas son pensadas y expresadas, "pronunciadas" por Dios: de ahí se  sigue la posibilidad de un conocimiento del ente para la inteligencia humana[5].

            Es en este sentido que la Revelación Cristiana habla de la "Creación por el Verbo"; y la teología -en la feliz formulación del teólogo alemán Romano Guardini- afirma el "carácter verbal" (Wortcharackter) de todas las cosas creadas. O, en la afirmación de S. Tomás: Así como la palabra audible manifiesta la palabra interior[6], así también la criatura manifiesta la concepción divina (...); las criaturas son como palabras que manifiestan el Verbo de Dios" (Id. 27, 2.2 ad 3)

#292 Insinuada en el Antiguo Testamento, revelada en la Nueva Alianza, inseparablemente unida al Padre, es claramente afirmada por la regla de fe de la Iglesia: "Sólo existe un Dios...: es el Padre, es Dios, es el Creador, es el Autor, es el Ordenador. Ha hecho todas las cosas por sí mismo, es decir, por su  Verbo y por su Sabiduría", "por el Hijo y el Espíritu" que son como "sus manos". La creación es la obra común de la Santísima Trinidad.

#320 Dios que ha creado el universo, lo mantiene en la existencia por su Verbo, "el Hijo que sostiene todo con su palabra poderosa" (Hb. 1,3) y por su Espíritu Creador que da la vida.

#299 Ya que Dios crea con sabiduría, la creación está ordenada: "Tú todo lo dispusiste con medida, número y peso" (Sb. 11,20). Creada en y por medio del Verbo eterno, "imagen del Dios invisible" (Col 1, 15), la creación está destinada, dirigida al hombre, imagen de Dios, llamado a una relación personal con Dios. Nuestra inteligencia participando en la luz del Entendimiento divino, puede entender lo que Dios nos dice por su creación, ciertamente no sin gran esfuerzo y en un espíritu de humildad y de respeto ante el Creador y su obra. Salida de la bondad divina, la creación participa en esa bondad ("Y vio Dios que era bueno...muy bueno" Gn. 1,4.10.12.18.21.31), porque la creación es querida por Dios como un don dirigido al hombre, como una herencia que le es destinada y confiada. La Iglesia ha debido, en repetidas ocasiones defender la bondad de la creación, comprendida la del mundo material.

            Esa concepción de la Creación como voz de Dios, la Creación como acto inteligente de Dios, fue muy bien expresada en una aguda sentencia de Sartre, que intenta negarla: 'No hay naturaleza humana porque no hay Dios para concebirla". De un modo positivo, se la puede enunciar de la siguiente forma: sólo se puede hablar en esencia, en naturaleza, en "verdad de las cosas", en la medida en que hay un proyecto divino incorporado a ellas, o mejor, constituyéndolas.

            Así, dice Tomás: "cualquier criatura (...) por tener una cierta forma y especie representa al Verbo, porque la obra procede de la concepción de quien la proyectó" (Quaelibet creatura...secundum quod  habet quandam formam et speciem, repraesentat Verbum: secundum quod forma artificiati est ex conceptione artificis I, 45,8).

            Próximo al concepto de razón está el de natura, naturaleza. Si razón acentúa el carácter de pensamiento, estructuración racional del ser; naturaleza indica el ser en cuanto principio de operaciones (hablar, pensar, amar, germinar, digerir, aullar, etc.). No es por casualidad que naturaleza deriva de natus, del verbo nacer (nascor). Si obramos como hombres es porque nacemos hombres y no ratones. La naturaleza humana es, así, el ser que el hombre recibe desde el nacimiento. La naturaleza especialmente en el caso de la naturaleza humana, no es entendida por Santo Tomás como algo rígido, como una camisa de fuerza metafísica, sino como un proyecto vivo, un impulso ontológico inicial (o mejor, "principial"), un "lanzamiento en el ser", cuyas directrices fundamentales son dadas precisamente por el acto creador que, sin embargo, tiene que ser completado por el obrar libre y responsable del hombre. Así, todo el obrar humano (el trabajo, la educación, el amor, etc.) constituye una colaboración del hombre con el hacer divino, precisamente porque Dios -cuyo orden cuenta con las causas segundas- quiere contar con esa cooperación.

#302 La creación tiene su bondad y perfección propias, pero no salió plenamente acabada de las manos del Creador. Fue creada "en estado de vía: ("in statu viae") hacia una perfección última todavía por alcanzar, a la que Dios la destinó.

            Ese camino moral es recorrido, ejerciendo la libertad de practicar el bien y, así realizando su propia naturaleza. Pero el bien remite a la verdad: la razón de realidad que la razón capta y plantea a la voluntad su realización.

            Todo ente tiene, por tanto, una esencia, una naturaleza, un modo de ser pensado, planeado por Dios, está organizado o estructurado según un "proyecto" divino. El hombre (y cada cosa creada) es lo que es, posee una naturaleza humana, precisamente por haber sido creativamente creado por el Verbo. De ahí que haya una verdad y un bien objetivos para el hombre, porque su ser no es caótico o aleatorio, sino que procede de un design.

            Para establecer una comparación[7], podríamos decir que así como el manual de instrucciones de un complicado aparato eléctrico no es otra cosa que una consecuencia del diseño, del proceso de creación, y de la fabricación de aquella máquina, así también la moral debe ser entendida no como un conjunto de imposiciones arbitrarias o convencionales, sino pura y simplemente como el reconocimiento de la verdadera naturaleza humana, tal como fue proyectada por Dios. Y de la misma forma que no nos rebelamos contra el fabricante que nos indica: "No conectarás a 220v", o "Conservarás en lugar seco", sino que le agradecemos estas informaciones, así también debemos ver los Diez Mandamientos no como imposiciones arbitrarias, sino como verdades elementales sobre el ser del hombre.

            Es, pues, al hombre al que se dirige la ética de Tomás (y la del C.C.); al hombre total, espíritu en intrínseca unidad con la materia; al hombre, ser en potencia, que todavía no consigue la estatura a la que está llamado y para el cual la moral se expresa con la sentencia -tantas veces repetida por Juan Pablo II- del poeta pagano Píndaro: "¡Llega a ser lo que eres!". En esta perspectiva, toda norma moral debe ser entendida como un enunciado respecto del ser humano, y toda transgresión moral, o pecado, trae consigo una agresión a lo que el hombre es. Los imperativos de los mandamientos ("Harás x...." "No harás y....) son, en el fondo, enunciados sobre la naturaleza humana: "El hombre es un ser tal que su felicidad, su realización, requiere x y no es compatible con y".

            Algunas sentencias de Tomás, a título de ejemplo:

La razón reproduce la naturaleza

Ratio imitatur naturam (I, 60,5)

La causa y la raíz del bien humano es la razón

Causa et radix humani boni est ratio (I-II, 66,1)

Naturaleza procede de nascor

Natura a nascendo est dictum et sumptum (III,  2,1)

La moral presupone lo natural

Naturalia praesupponuntur moralibus (Corr. Frat. I ad 5)

De ahí que... haya criaturas espirituales, que retornan a Dios no sólo según la semejanza de su naturaleza, sino también por sus operaciones. Y esto, ciertamente, sólo puede se puede dar por un acto de la inteligencia y de la voluntad, pues Dios no tiene otra operación con relación a Sí mismo.

Oportuit...esse aliquas creaturas quae in Deum redirent non solum secundum naturae similitudinem, sed etiam per operationem. Quae quidem non potest esse nisi per actum intellectus et voluntatis: quia nec ipse Deus aliter erga seipsum operationem habet (C.G. 2,46)

La ley divina ordena a los hombres entre sí, de tal modo que cada cual guarde su orden, esto es, que los hombres vivan en paz unos con otros. Pues la paz entre los hombres no es sino la concordia en el orden, como dice Agustín.

Lex... divina sic homines ad inviem ordinat, ut unusquisque suum ordinem teneat, quod est homines pacem habere ad invicem. Paz enim hominum nihil aliud est quam ordinata concordia, ut Augustinus dicit (C.G. 3, 128)

Los principios de la razón son los mismos que estructuran la naturaleza.

Principia... rationis sunt ea quae sunt secundum naturam (II-II, 154, 12).

El ser del hombre propiamente consiste en ser de acuerdo con la razón. Y así, mantenerse alguien en su ser, es mantenerse en aquello que se ajusta a la razón.

Homo proprie est id quod est secundum rationem. Et ideo ex hoc dicitur aliquis in seipso se tenere, quod tenet se in eo, quod convenit rationi ( II-II, 155, ad 1)

Aquello que es según el orden de la razón cuadra naturalmente al hombre.

Hoc... quod est secundum rationem ordinem est naturaliter conveniens homini (II-II, 145, 3).

La razón es la naturaleza del hombre. De ahí que todo lo que es contra la razón sea contra la naturaleza del hombre.

Ratio hominis est natura, unde quidquid est contra rationem, est contra hominis naturam (Mal.14, 2 ad 8)

Todo lo que va contra la razón es pecado

Omne quod est contra rationem... vitiosum est (II-II, 168, 4)

            Si no hay una "moral católica" (en el sentido de normas morales que obligarían a los católicos, pero no a los otros hombres[8]), si no hay "moral católica" además de la moral natural; sí hay un modo católico de encarar la moral, mas sobre esto hablaremos después de examinar el concepto de participación.

El concepto de participación en S.Tomás

            Dentro de los innumerables aspectos relacionados con la "filosofía de la educación" presente en C.C. (o a ella subyacente) lo más oportuno es destacar aquél que -así nos parece- es un concepto central en su estructuración: el concepto de participación. Se trata de un concepto filosófico que será decisivo para las formulaciones de la teología y de la doctrina de la fe.

            De hecho -como procuraremos mostrar- la propuesta del C.C. depende de la doctrina de la participación en las cuatro grandes partes en que se divide el C.C.: la doctrina de la fe (parte I); la liturgia (parte II), la moral (parte III) y también la vida de oración (parte IV)[9]. Esa dependencia es particularmente visible cuando nos dirigimos hacia aquello que el C.C. presenta como nuevo (sobre todo al relacionar la vía de fe con la vida cotidiana) y lo que presenta como específicamente cristiano y católico.

            Para comprender bien la doctrina de la participación es necesario que nos dirijamos a Tomás e Aquino, pues ella es uno de tantos puntos en que el C.C. se apoya en la filosofía de Tomás, el pensador que formuló esa doctrina teológico-filosófica[10]

            Participación es un concepto central en S. Tomás[11], para lo cual vale la sugestiva observación de Weisheipl: "Tomás como todo el mundo, tiene una evolución intelectual y espiritual. El hecho asombroso, no obstante, es que desde muy joven, Tomás aprendió ciertos principios filosóficos que nunca abandonó"[12]

            Esa doctrina se encuentra en el núcleo más profundo del pensamiento del Aquinate y es la base de su concepción del ser como -en el plano estrictamente teológico- de la gracia. Indicaremos resumidamente sus líneas principales.

            Como siempre, nos dirigimos al lenguaje. Comencemos fijándonos en el hecho de que en el lenguaje común "participar" significa -y deriva de- "tomar parte" (partem capere). Ahora bien, hay diversos sentidos y modos de ese "tomar parte"[13]. Uno primero es el de "participar" de modo cuantitativo, caso en que un todo participado es materialmente subdividido y deja de existir: si cuatro personas participan de una pizza, ella desaparece en el momento en que cada uno toma una parte.

            En el segundo sentido, "participar" indica "tener en común" algo inmaterial, una realidad que no desaparece ni se altera cuando es participada; es así que "participa" el cambio de dirección "a amigos y clientes", o, más aún, que se "da parte a la policía".

            El tercer sentido, más profundo y decisivo es lo que se expresa en la palabra griega metékhein, que indica un "tener con", un "co-tener", o simplemente un "tener" en oposición a "ser", un tener por la dependencia (participación) con otro que "es". Tomás al tratar de la creación, utiliza este concepto: la criatura tiene el ser, por participación con Dios, que es Ser. Y la gracia no es más que tener -por participación la filiación divina que es en Cristo- la vida divina que es en la Santísima Trinidad.

            Existen, -como indica Weisheipl[14]- tres argumentos subyacentes a la doctrina de la participación. 1) Siempre que hay algo común a dos o más cosas debe haber una causa común, 2) Siempre que algún atributo es compartido por muchas cosas según diferentes grados de participación, le pertenece propiamente a aquella que lo tiene del modo más perfecto, 3) Todo lo que es compartido "procedente de otro" se reduce causalmente a aquello que es "por sí".

            En el pensamiento de Tomás, tanto el acto de ser de la criatura como la gracia son casos de participación. En la creación, Dios que es el acto puro de ser, da, en participación el ser a las criaturas, que tienen el acto de ser[15]. Esa primacía del ser excluye todo "esencialismo" de Tomás, que es, en palabras de Maritain "el más existencialista de todos los filósofos"[16]

            En ese sentido, están las metáforas de que Tomás se vale para explicar la participación. Él compara el acto de ser (conferido en participación a las criaturas por el acto creador de Dios) a la gracia (la filiación divina que nos es conferida por la participación en la Filiación de Cristo) a la luz y al fuego: un hierro en brasa tiene calor porque participa del fuego, que "es calor"[17], un objeto iluminado "tiene luz" por participar de la luz que es una fuente luminosa. Teniendo en cuenta esta doctrina  entendemos mejor la sentencia de Guimaraes Rosa. "El sol no es sus rayos, sino el fuego de su esfera"[18]

La gracia como participación en el C.C.

            Analicemos, ahora, el tema que es de decisiva importancia para la educación cristiana: la diferencia esencial del cristianismo: la gracia. Es precisamente por su peculiar concepción de la gracia que el catolicismo (junto con algunas otras Iglesias Cristianas) no es una  doctrina religiosa sin más, tampoco consiste en una serie de preceptos (más o menos comunes a otras religiones como el Islam o el Judaísmo...). Existe esta diferencia esencial: En el catolicismo se trata de una vida nueva, participación en la propia vida íntima de Dios: la vida de la gracia que comienza en el sacramento del bautismo. El alcance y el significado de la vocación cristiana están ligados a una comprensión del alcance y del significado del bautismo.

            Al comenzar a tratar de este tema es muy conveniente "desacostumbrarnos", recordar (o tal vez, considerarlo por primera vez...) esta sorprendente realidad, que es la propia esencia del cristianismo: la gracia, la vida sobrenatural. Todo comienza cuando el Hijo de Dios al hacerse hombre y habitar entre nosotros, misteriosamente nos comunica su divinidad por el Bautismo de tal modo que somos -y esa formulación es importante- partícipes de la vida divina de Cristo, como dice el texto esencial de Hbr. 3, 14. Esta doctrina evangélica es explicada detalladamente por el apóstol Pablo. Además, desde el primer momento de su conversión, cuando Cristo se le aparece inmediatamente le propone la inquietante y sugestiva pregunta: "Saulo, Saulo, ¿por qué ME persigues? Y cuando Saulo pregunta: ¿Quién eres tú Señor? Recibe la respuesta: "Yo soy Jesús, a quien tú persigues". Y ahí precisamente comienza la revolucionaria revelación: para Saulo, Cristo estaba muerto y él perseguía cristianos... y de repente descubre que Cristo es Dios, que Él resucitó y está vivo, no sólo a la derecha de Dios Padre, sino de algún modo en Pedro, Juan, Andrés, Esteban..., en nosotros los cristianos, como dirá el mismo Pablo (Gal. 2, 20) en un versículo esencial  "ya no soy yo el que vivo; es Cristo quien vive en mi". En este sentido el C.C. afirma que por el Bautismo estamos conectados en Cristo. O para usar la palabra clave (de Hbr. 3, 14): participación.

#1265 El bautismo no sólo purifica de todos los pecados, hace también del neófito "una nueva creación" (2 Co. 5, 17), un hijo adoptivo de Dios que ha sido hecho "partícipe de la naturaleza divina" (2P. 1,4), miembro de Cristo (I Cor. 6,15; 15, 27), coheredero con Él (Rom. 8, 17) y templo del Espíritu Santo (I Cor. 6,19).

#1277 El bautismo constituye el nacimiento para la vida nueva en Cristo.

            La gracia nos da una unión íntima con Cristo: por el bautismo somos como injertados en Cristo (Rom. 6,4 e II, 23) y comienza en nosotros la inhabitación de la Trinidad, que se llama vida sobrenatural. Esta nueva vida no elimina la vida natural, tampoco le está yuxtapuesta; por el contrario, la empapa, la informa, la estructura por dentro. La espiritualidad cristiana -ésta es la gran novedad consagrada por el Vaticano II- se encamina a que descubramos y cultivemos esa vida interior, también y principalmente en nuestra vida cotidiana. Pues, por el bautismo, Cristo habita en nosotros y la vida cristiana -alimentada por los demás sacramentos- no es nada más que la búsqueda de la plenitud de ese proceso -realizado por el Espíritu Santo- de identificación con Cristo, que comienza en el bautismo y no tiene límite: "Ya no soy yo el que vivo, es Cristo quien vive en mí" (Gal. 2, 20) de San Pablo.

#2813 Por el agua del bautismo... . durante toda nuestra vida nuestro Padre nos llama a la santificación"

            Cristo vive en los cristianos, que están, por decirlo así, "on line", "enchufados" en Cristo: cada cristiano no es alguien que principalmente sigue un código, es alguien que recibe y tiene la propia vida de Cristo. Cada cristiano está llamado a ser otro Cristo. Una de las formas como Cristo perpetúa su presencia en el mundo -en todos los lugares del mundo, en todas las épocas- es estando presente en los cristianos. Esta presencia comienza en el bautismo... Y esto es lo que se llama gracia: la participación de la vida divina en nosotros. Esto precisamente es lo que otras religiones no aceptan, que nuestra vida pasa a ser (en participación) la propia vida íntima divina

#108 Sin embargo, la fe cristiana no es una "religión de Libro". El cristianismo es la religión de la "palabra" de Dios, "no de un verbo escrito y mudo, sino del Verbo encarnado y vivo" (San Bernardo)

            El concepto fundamental es, por tanto, el de la gracia, una palabra técnica que toca las profundidades de la teología. Gracia en el sentido religioso, no es casualidad que sea la misma palabra la que se usa en expresiones como "de gracia", "gratuito" etc., la gracia es el don por excelencia. Para entender esto, nos detendremos un poco en una comparación entre la criatura (donde Dios nos da una participación en el ser) y la gracia (donde Dios nos da en participación su propia vida íntima). Gracia y creación, ambos son don, favor, y amor gratuito de Dios, pero la creación es, como dice Santo Tomás, el amor común (o amor general) de Dios a las cosas: el amor con que Dios ama las plantas, a la hormiga, la estrella, entes que sólo por un acto de Amor y de Volición divina. Pero, además de ese "amor común" hay también (en formulación de Santo Tomás) un amor especial, por el cual Dios eleva al hombre a una vida por encima de las condiciones de su naturaleza (vida sobre natural) y lo introduce en una nueva dimensión de la vida.

            La gracia que recibimos en el Bautismo es una realidad nueva, una vida nueva, una luz nueva, una cualidad nueva que capacita nuestra alma a acoger dignamente, para habitar en ella, las tres personas divinas. Este amor absoluto (S. Tomás) es una participación en la vida íntima de Dios; el alma pasa así a tener una vida nueva: en ella habita (o para usar un término teológico inhabita -inhabitatio- habitación inmediata sin intermediarios) la Trinidad. Así cuando se trata de definir la gracia, Tomás se vale de las mismas comparaciones de participación en el ser. No se trata de un panteísmo porque es participación (Hbr. 3, 14; 2Pe. 1,4): TENER por oposición a SER. Cristo es el Hijo de Dios, nosotros tenemos la filiación divina. la filiación del Verbo (que trae consigo toda la vida íntima de la Trinidad) nos es dada en participación por Cristo, por el Bautismo.

            De ahí que ser católico no se restrinja solamente a ceremonias, a prácticas o a cumplir reglas de conducta, sino también a alimentar un proceso de identificación con Cristo, por así decir, 24 horas por día. Así cuando el Catecismo de la Iglesia Católica declara al bautismo el sacramento de iniciación cristiana por excelencia está afirmando algo muy distinto que "entrar en un club"  de Cristianos.

#1212 Por los sacramentos de iniciación cristiana... son colocados los fundamentos de toda la vida cristiana. La participación en la naturaleza divina...

            Precisamente esta novedad: la gracia conferida por el bautismo (que -afirma el Catecismo- alcanza la totalidad de la vida cotidiana) es la diferencia específica entre el cristianismo y las otras religiones: esa sorprendente realidad, la propia esencia del cristianismo: la gracia, la vida sobrenatural, la participación en la vida divina. Ciertamente, la doctrina de la gracia, no es nueva, desde siempre ha sido enseñada por la Iglesia. ¿Qué hay de nuevo? Nueva es la ampliación, la extensión, y profundización que el nuevo Catecismo le da:

#533 La vida oculta de Nazareth permite a todo hombre estar unido a Jesús en los caminos más cotidianos de la vida.

            Es nueva la afirmación de que esa identificación con Cristo se da para la inmensa mayoría de los cristianos -a partir de la imitación de la vida oculta de Cristo (la vida oculta de Cristo, que tampoco era mencionada en el Catecismo anterior -de Trento- y ahora ocupa un importante lugar en todo un capítulo en el nuevo catecismo). Porque Cristo, principio de la Creación (Jn. 1) y autor de la Redención, asumió toda la realidad humana y toda la realidad del mundo. Y así como misteriosamente, en el pecado de Adán -Pablo desarrolla esto en Cap. 15 de I Cor.- hubo un decaimiento para todos; en Cristo, nuevo Adán, hay un resurgimiento (Él, pontífice -constructor de puentes- abogado, primogénito, primicias, "nuestra paz" -nuestro integrador-, etc.) Y -tanto Adán como en Cristo -es afectada toda la creación: Él es cabeza del Cuerpo que es la Iglesia. Él es el Primogénito, o principio de todo. Y por medio de El Dios reconcilió -y está para reconciliar- consigo todas las creaturas. Es el Cristo de Nazareth, en sus 30 años de vida oculta, años e que no hizo ningún milagro y vivió una vida (también la vida divina y redentora) con toda la apariencia absolutamente normal: vida de familia normal en un hogar de Nazareth, de trabajo normal en el taller de José, de relaciones sociales normales, vida religiosa normal, etc.

#531 Durante la mayor parte de su vida, Jesús compartió la condición de la inmensa mayoría de los hombres: una vida cotidiana sin aparente importancia, vida de trabajo manual, vida religiosa judía sometida a la ley de Dios, vida en la comunidad...

#564 ...Durante largos años en Nazareth, Jesús nos da ejemplo de la santidad en la vida cotidiana de la familia y del trabajo...

            Cristo vive en los cristianos, en los bautizados. Cristo vive en el José de la esquina, y en D. María... Cristo que lleva su obra redentora a la vida de familia, al mundo del trabajo, a las grandes cuestiones sociales, etc... Esto no estaba dicho por el Antiguo Catecismo Romano (el del Concilio de Trento) En él, además de afirmar nuestra conexión con Cristo por el Bautismo, lo que se decía era que, por el Bautismo el Cristiano se tornaba apto para los oficios de la piedad cristiana (y es cierto que el bautismo es la puerta para la recepción de otros sacramentos, etc. ), mas no se habla de identificación con Cristo en la vida cotidiana.

Antiguo Catecismo Rom. II, II, 52: Por el bautismo también somos como miembros incorporados, conectados a Cristo cabeza... lo que nos torna aptos para todos los oficios de piedad cristiana. Per Baptismum etiam Christo capiti tamquam membra copulamur et connectimur...quae nos ad omnia christianos pietatis officis habiles reddit.

            La Iglesia, hoy, convoca a cada cristiano, al hombre de la calle, al profesional, al José de la esquina y D. María, a cada uno de nosotros, a tener una vida espiritual plena, no a pesar de, sino precisamente por estar en medio del mundo, en la vida de trabajo, en la vida de familia, de relaciones sociales, etc. Es por el bautismo que cada cristiano está llamado -es una vocación- a reproducir en su vida la vida de Cristo (Gal. 2, 20)... La Creación y la Redención son proyectos que se extienden a los Cristos que son los cristianos. A partir del momento en que se produce la Encarnación, el mundo -el mundo de trabajo, la vida cotidiana, la vida de familia, la vida política, económica y social, etc. -se torna algo de mayor interés religioso. (Cfr. p. ex. los capítulos 8 de Romanos y 1 de Colosenses: la creación ansía la manifestación de los hijos de Dios, pues Cristo que la re-hace en Sí). Naturalmente, esto no tiene nada que ver con integrismos o clericalismos: cfr. Lauand:

http://www.hottopos.com.br/notand5/algeb.htm).

            Dios, que tiene poder para hacer de las piedras hijos de Abraham (Lc. 3,8), cuenta con el amor conyugal de José y María para crear una nueva vida. Dios, que podría hacer que los niños nacieran sabiendo inglés y álgebra, quiere contar con la tarea educadora de los profesores. Dios quiere contar con Cristos-ciudadanos que construyan un mundo de acuerdo a Su proyecto. Con Cristos-ingenieros que canalicen los ríos (como sabiamente dice el pueblo en Brasil: "¿no hay un Cristo para acabar con las inundaciones en Sao Paulo?"), con Cristos-médicos que identifiquen virus, etc. El descubrimiento de la Iglesia es ver la vida cotidiana como un llamado a una plenitud de la existencia cristiana. Cristo, que pasó 30 años trabajando en la vida corriente sin hacer ningún milagro, es modelo para -"ya no soy yo el que vivo; es Cristo quien vive en mi"- el ingeniero, el taxista, el empresario, el tornero mecánico, el ama de casa, el profesor... ; para cada cristiano que asuma el llamado recibido en el bautismo. Toda la propuesta de la Iglesia es reformulada a partir del alcance de esa filiación divina que tenemos porque nos es dada en participación de la Filiación que es en Cristo. Si pensáramos en las cuatro grandes partes del C.C.: la doctrina de fe está centrada en este hecho fundamental, la liturgia y los sacramentos, también; y lo mismo la moral y la vida de oración.

#1692 El Credo profesa la grandeza... de su creación, de la Redención y de la obra de la santificación. Lo que confiesa la fe, los sacramentos lo comunican: por "los sacramentos que les han hecho renacer", los cristianos han llegado a ser "hijos de Dios" (Jn. 1,12; 1Jn. 3,1), "partícipes de la naturaleza divina" (2Pe. 1, 4). Y reconociendo esa nueva dignidad, son llamados a vivir desde entonces "una vida digna del evangelio de Cristo" (Flp. 1,27). Por los sacramentos y la oración reciben la gracia, etc.

            Así, la moral, lejos de ser un código o un manual, es una invitación al reconocimiento de la dignidad del "Vivir en Cristo" (Título de la parte moral del C.C.): Agnosce, christiane, dignitatem tuam (S. León Magno, C.C. # 1691). Más allá de prohibiciones y castigos la moral es una cuestión de retribución de amor a esa presencia de Cristo en el cristiano. ¿Qué quiere decir que Cristo habita en mí? ¿A qué lo asocias? ¿Con qué lo relacionamos? "¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo y que el Espíritu Santo habita en vosotros?" (I Cor. 3,16). Es el hombre nuevo del que tantas veces habla el Apóstol, para el que todo es lícito, pero no todo es conveniente (I Cor. 6,12)

#1691 "Cristiano reconoce tu dignidad. Puesto que ahora participas de la naturaleza divina, no degeneres volviendo a la bajeza de tu vida pasada. Recuerda a qué cabeza perteneces..." (San León Magno)

            En este mundo, en que tantos están desprovistos de cualquier motivación, la educación cristiana -que sabe que Cristo vive en el cristiano y está interesado en transformar toda la creación se vuelve fascinante. Su vida fuera de esta conciencia parece como el verso de la escritora brasileña Adélia Prado: "De vez en cuando Dios me quita la poesía y entonces yo miro a las piedras y no veo más que piedras... "

            En este cuadro resalta la importancia de la Misa: es por ella que nuestra vida diaria es -por Cristo, con Cristo y en Cristo- entregada al Padre.

#1367 El sacrificio de Cristo y el Sacrificio de la Misa son un único sacrificio: "Es una y la misma Víctima, el mismo y único Sacerdote que, por el ministerio de los padres, se ofrece ahora como se ofrece en la Cruz. La única diferencia es el modo de ofrecer: entonces de manera sangrienta; sobre el altar, de manera incruenta"

#1368 La Misa es también el sacrificio de la Iglesia. la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo, participa de la ofrenda de su  Cabeza. Con Él, ella se ofrece totalmente. Se une a su intercesión junto al Padre por todos los hombres. En la Misa, el sacrificio de Cristo se vuelve también el sacrifico de los miembros de Su Cuerpo. La vida de cada fiel, su trabajo, sus alabanzas, su oración, su sufrimiento se unen a los de Cristo y a su total ofrenda, y adquieren así un valor nuevo. El sacrificio de Cristo presente en el altar da a todas las generaciones de cristianos la posibilidad de unirse a su ofrenda.

#1332 (Se llama) Santa Misa porque la liturgia en la cual se realiza el misterio de la salvación se termina con envío ("missio") de los fieles a fin de que cumplan la voluntad de Dios en su vida cotidiana.

            En la Misa, se ejerce de modo absolutamente único aquella unión con Cristo-Cabeza. Y "por Cristo, con Cristo y en Cristo" somos llevados al Padre. Del mismo modo que el Sol, que es luz, da a participar la luz al aire y al fuego, que es calor, da a participar calor a un metal expuesto a él, así la Filiación del Verbo nos es dada en participación por Cristo. Por el bautismo somos conectados con Él, y en la Misa Cristo nos une a su Sacrificio ante el Padre.

            Cristo, que "me amó y se entregó a Sí mismo por mí" (Gal. 2,20), me asocia a Su sacrificio. El mismo San Pablo que afirma que el sacrificio de Cristo fue sobreabundante ("Donde ha habido pecado, sobreabundó la gracia" Rom. 5, 18-20) dice también -de modo aparentemente contradictorio: "Completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo" (Col 1,24). Y es que Cristo vive en los cristianos: por el bautismo, participamos de Su vida y de su obra redentora: la vida cotidiana del cristiano, y aún sus dolores del paro o del fútbol, son asociados a la cruz de Cristo y ofrecidos al Padre...

            La conciencia de esa participación en la filiación divina, que alcanza las realidades más prosaicas de nuestro cotidiano vivir, es, me parece, la esencia de la educación cristiana para nuestro tiempo.



[1]. Para referirnos al nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, utilizaremos la abreviatura C.C. Citaremos los puntos del C.C. indicando el número por #. [2] Tomás fue llamado por Juan Pablo II "Doctor de las Humanidades", precisamente por la perenne actualidad de su pensamiento con relación a esos temas: "En realidad, Santo Tomás merece este título por muchas razones (...): éstas son, de modo especial, la afirmación de la dignidad de la naturaleza humana, tan clara en el Doctor Angélico; su concepción de la curación y de la elevación del hombre a un nivel superior de grandeza, que tuvo lugar en virtud de la Encarnación del Verbo; la formulación exacta del carácter perfectivo de la gracia, como principio-clave de la visión del mundo y de la ética de los valores humanos, tan desarrollada en la Summa, la importancia que atribuye el Angélico a la razón humana para el conocimiento de la verdad y el tratamiento de las cuestiones morales y ético-sociales" (Juan Pablo II:  "favorecer el estudio constante y profundo de la doctrina filosófica, teológica, ética y política de Santo Tomás de Aquino” Discurso a los participantes en el IX congreso tomista internacional, 29-9-90 http://www.multimedios.org/bec/etexts/ixsta.htm) [3] Diccionario Etimológico de la Lengua Griega, París, Klincsieck. Logos significa también: palabra, discurso, argumentación, raciocinio, cuenta, proporción (analogos), cociente, el Verbo, Segunda Persona de la Trinidad etc. Para la etimología de ratio ver Ernout&Meillet Diccionario Etimológico de la Lengua Latina, París, Klincsieck, 1951, 3ème ed. [4] Es lo que Tomás llama también recta ratio, en oposición a una perversa ratio que se cierra a la razón de las cosas o las deforma. [5] No en vano Tomás considera que "inteligencia" tiene que ver con intus-legere ("leer dentro"): la razón del concepto en la mente es la razón "trabajada" en lo íntimo de la realidad. [6] El concepto, la idea, la razón [7] Comparación necesariamente limitada, en la medida en que el acto creador divino trasciende infinitamente el ámbito de producción de los objetos artificiales. [8] Lo mismo cuando la Iglesia impone obligaciones específicamente religiosas -como por ejemplo, la misa los domingos o el ayuno en  determinados tiempos- está concretando obligaciones que son, en última instancia de moral natural (dar culto a Dios, temperancia, etc.) [9] También en términos numéricos es notable la presencia de las palabras "participación", "participar" y sus derivadas que completan un total de cerca de 230 incidencias en C.C. [10] Trato más detalladamente del concepto de participación en el estudio introductorio a Tomás de Aquino: Verdad y Conocimiento, Sao Paulo, Martins Fontes, 1999 [11] Doctrina esencialisima y que no es aristotélica: de ahí la problematicidad de reducir a Tomás a un aristotélico... [12] Weisheipl, James A. Tomás de Aquino-Vida obras y doctrina, Pamplona, Eunsa, 1994, p. 16 [13] Cfr. Ocáriz, F. Hijos de Dios en Cristo,  Pamplona, Eunsa, 1972, pp. 42 y ss. [14] Op. cit. pp. 240-241 [15] Para la "participación" del ser en Tomás, cfr. Lauand, L.J. Razao, Natureza e Graça: Tomás de Aquino em Sentenças, Sao Paulo, FFLCHUSP, 1995 y el ya mencionado estudio introductorio a Tomás de Aquino: Verdade e Conhecimento, Sao Paulo,  Martins Fontes, 1999 [16] J. Maritain, "L'humanisme de Saint Thomas d'Aquin", in Mediaeval Studies, 3 (1941) [17] Evidentemente, no en el sentido de la física actual, mas el ejemplo es comprensible.

[18] Noites do Sertao, Río de Janeiro, José Olympio, 6a ed. 1979, p.71